Me interesan las estructuras más que las superficies.
Esa forma de mirar se traduce en cómo abordo conflictos legales complejos.
Con el tiempo, el derecho dejó de ser solo un campo de trabajo y se volvió una forma de entender estructuras más amplias.
He trabajado en litigio civil, administrativo y constitucional, con énfasis en propiedad industrial. En ese trayecto he trabajado en la defensa de marcas y patentes, en procedimientos ante el IMPI y en la estructuración de estrategias legales para empresas en sectores altamente regulados, incluyendo experiencia dentro del área legal de una compañía farmacéutica global, lo que me permitió entender cómo se toman decisiones jurídicas desde dentro y alinear mi práctica a esas mismas condiciones.
Suelo fijarme en la lógica que sostiene una posición, en el lenguaje que vuelve defendible una idea, en la forma en que una disputa se organiza y en los elementos que hacen visible lo que, a primera vista, parece difuso.
Quizá por eso nunca me ha interesado demasiado pensar en compartimentos cerrados. Me interesa más el punto en el que distintas materias empiezan a tocarse, contaminarse o volverse necesarias entre sí.
Me atraen especialmente los asuntos que obligan a cruzar niveles de lectura: lo técnico con lo humano, lo jurídico con lo histórico, lo normativo con lo estratégico.