
Roma
Memoria contenida. Arqueología del primer desplazamiento.
Soy viejo ahora. Mis manos tiemblan como las hojas secas cuando sopla el viento áspero del otoño, y mis ojos ya no logran percibir el mundo con la claridad cristalina de mis primeros años. Sin embargo, existen recuerdos que ni el peso aplastante de los años ni la voluntad de los propios dioses pueden borrar.
Yo era joven entonces. Apenas un siervo de la tinta, un escriba menor que se ganaba el pan copiando los encendidos discursos para los senadores y llevando las cuentas interminables de los comerciantes en el bullicio del Foro. Roma era poderosa, orgullosa... creíamos que era eterna.
